PAISANDU: hayábame triste, golpeando mí jarrito de acero contra los verticales barrotes de mí celda. Faltaban 5 meses para salir. Cuando escuche un chillido que me hizo volcar mí ración de 🥛 quaquer en la camisa a rayas horizontales blancas y negras. Mire para atrás y en una banqueta estaba n.345.627 que no se que es lo que quería. Durante unos segundos nos enfrentamos, cara a cara bajo la mutua qmenaza de un litigio silencioso, un determinante duelo de miradas donde ninguno dominó al otro. Cuando n.345.627 cayó dormido en el piso frío de cemento, sobre un charco de agua seco, aproveché ese momento en el que el guardia se había ausentado para robarle la pala y el pico, y continuar -cautelosamente- el túnel que él había comenzado en un rincón. Algo cansado, unas horas más tarde me encuentraba saliendo en una plaza pública tapando la otra punta del túnel reencontrando me con la libertad y el sol, desde donde escribo, más tranquilo estás líneas, en Plaza Constitución. Creo haber tenido suficiente tiempo para hacer memorias allí dentro de la celda, día y noche pensé en cada uno de mis enemigos y las formas propicias de venganza, según los métodos vengativos que fui elucubrando en ese complejo plan diabólico en la oscuridad del encierro. No perdí el tiempo, ahí encerrado para abocarme a la realidad GATO, pues el mundo PERRO era tan limitado entre esas paredes... Y como algunos cómplices en mí desventura logré hacerlos aliados, ahora tenemos los mismos tatuajes, vamos a concretar nuestras más bajas pulsiones cuando acordemos lo pactado. Y después de terminar algunas pinturas que esboce en la pared en PAISANDU. /// Ficción, ejercicio literario 📕.
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