馃悁 LADRIDOS PRELIMINARES. El arte fifigurativo los conduce a la oscura e impredecible d esm ateria lizac i贸n del objeto de las cosas irrreales en el plano furtivo y ontol贸gico del papel de la tinta ya hecho un bollito en el piso. Trasciende los l铆mites del conocimiento humano subjetivo y desdichado poco antes de prenderse fuego. Afuera llueve? Sucumbe entre estruendos y rel谩mpagos a la l贸gica kantiana respondiendo de antemano a tal arremeter ingrato de gatos carbonizados y de perros que aullan y corren decapitados por los salones, exparciendo sangre ileg铆tima. M谩s todos lloran y el kantinero ofrec铆a otra copa pikante, a raz贸n pura de la costumbre y ese tradicionalismo barato de riachuelo de roedores peludos. Eventualmente un irresoluble pero comprobable suceso l贸gico y trascendental del gusto del deseo. Mas a煤nque Prusia no dejara de inquietar en las tinieblas su esp铆ritu oscuro de la critica en el tiempo de las injurias venenosas -sin 茅tica emp铆rica- que por el momento se encontraba en el plano gato, categor铆a inveros铆mil de lo ratonil. De cara al n贸umeno del universo. M谩s a煤n sopes贸 l谩nguido y de prepo una infinita kantidad de dudas teoleol贸gicas que causaban bochorno adentro de sus l煤gubres orejas de fil贸sofo. Tanto incendio devastador de las conciencias hubieran te帽ido de rojo sangre y amarillo oro est谩s p谩ginas dibujadas con tinta negra del infierno. En fin, ya ser铆a momento de ir dudando de la "Realidad" PERRO? O de la realid谩 exterior que nos circunda en esta dimensi贸n del estado tr谩gico del pa铆s?. Esa escenografia chamuscada y rotosa que produjo la percepci贸n corrugada no era otra cosa que el fruto maldito de la l贸gica malsana de anta帽o; por m谩s tangible y concreta que se presentase al entendimiento, agrede al o铆do, y ultraja con aquella falta de delicadeza y sensatez, llorando y barriendo con sa帽a, todo el sentido resentido, todo el pasado roto, idiota en los rincones sucios, que se invisivilizaron a causa de la pereza de los dibujantes de otras 茅pocas, quienes por falta de propia disposici贸n hubieran perdido el tiempo en vanos sucesos mundanos. Je, obstinada en comprenderlo todo dilapidaron sufriendo, noches enteras de est煤pidos recuerdos, dentro su propia agon铆a, cuando podr铆an haber acumulado datos de gatos como demonios sobre papeles inciertos, con tinta china en aquella querella de identidad de las escenas irrecuperables de los d铆as pasados del apolillo oscuro de los tiempos. Por qu茅 no revoloteaban secretos residuos y costumbres ajenas de la 茅poca en cuesti贸n siglos antes de la decadencia en una colecta de la colectividad de la hin贸spita Recoleta. Nada de eso pas贸. No ve铆an la hora de apagar las llamas del idealismo propagado mentiras? Afuera sigue lloviendo a k谩ntaros y no hay un solo paraguas en todo Konisgberg! Habr谩 que sospechar, creo yo, a煤n un poco de toda esa gran Farsa On铆rica decorada de enanos barbudos y de objetos de marfil, plata y bronce que ostentan cierta dudosa nobleza de pacotilla disimulada por marcos con vidrios afilados. Se puede ser tan incauto a la hora de condenar el deplorable objeto del desinter茅s? Saquens茅 los kanteojos. Se les caen los dientes de a uno, y no grita, a lo cual ya se llen贸 el suelo de m谩scaras y se desmoron贸 un sonrisa, con sombrero y todo. Se destruyeron los cristales. Pero tantas otras veces a lo largo del testimonio enkantador de los a帽os en las regiones inconscientes por las que revoloteaban mosquitos alrededor de un cuerpo venido en a帽os, tantas ratas aladas. No eran arc谩ngeles. Tampoco cuervos negros de pico naranja. Entonces ya es el tiempo de poner en duda la experiencia del reloj de bolsillo, in煤tiles pruebas concretas del paso del tiempo, de un pasado mejor que acecha ac谩 a los sentidos. O por ah铆 yo estoy viejo, s铆, pero si tirara las agujas al tacho del olvido no habr谩 fruto que no se pudra minuto a minuto, ya no, esperen un rato 馃悁. Aparte Kant vomit贸, a priori, un charco de bilis verde abajo del bidet y luego sali贸 algo mareado despu茅s del toilette, kanturreando con voz grave y tonta su bella canci贸n tu-tu-tu con la bragueta abierta a posteriori y un libro en la mano que nunca habr铆a terminado. Pero cuando regres贸 al sal贸n de los grandes se帽ores estaba esa mujer tarada con todos los dem谩s inmersos en sus propios asuntos de negocios, y en vez de seguir kanturreando se estir贸 en un sill贸n p煤rpura al lado de un gato gris de ojos opacos que ronroneaba en el limbo. Intent贸 recomponerse a煤n y a sabiendas, pero resbal贸 por error otra vez en un charco colorado de preguntas existencialistas viscosas, estropeando la parte de abajo del tapizado persa, por completo pisoteando el v贸mito de dudas trascendentales y est茅ticas que no iban a ninguna parte. Sali贸 al balc贸n y vio gente. Se comi贸 las u帽as una por una y al fin su cabeza estall贸, se desprendiera del resto de su cuerpo a la luz de la raz贸n que enkantila los ojos. Huellas cr铆ticas imborrables de sus pisatatas entre risotatas y pasteles de redondel alrededor de la mesa, mera metaf铆sica trascendental que aburrir铆a donde otros personajes del S. XlIX emanaron flatulentos improperios indecorosos, en torno a la bella discusi贸n que hubiera surgido aquella noche apelmazado de interrogantes moralisadores y fraudulentos, en el frio invierno alem谩n. Baungartem, que pensaba marcharse, cogi贸 su saco marchito y sentenci贸 postulados filos贸ficos para desafiar los l铆mites del conocimiento, que desafinaron ante el vil avance subjetivo de esos t铆teres y finalmente cay贸 dormido en el sill贸n con la boca abierta, razonando lujuriosos conceptos. Intuitivos antecesores del gatoperrismo, por qu茅 no fueron capaces de dar pruebas feacientes de la relaci贸n que existe entre la locura y el consumo de caf茅 molido? Caninos alemanes, ovejeros vigilantes con todo aquello que genera la repulsi贸n vac铆a en el cretinismo de la inadaptaci贸n social entre las disputas de ideas sobre determinado t贸pico, sobre la calidez de las alfombras y la luz tenue de la raz贸n dial茅ctica perro-gato. La disputa t铆pica de perros vulgares ser铆a anecd贸tica y ladri, en fin, una sumatoria de ladridos preliminares con mon贸culos que seducir谩n se puede deducir y nos observan, sus hocicos salpican baba y espuma en el traje de sus interlocures y fuman despu茅s de sus pipas con guantes negros alargados y quejumbrosos 馃...
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