
El arte fifi-gurativo los conduce a la oscura e impredecible desmaterializacion del objeto de las cosas en el plano ontol贸gico del papel y trasciende los l铆mites del conocimiento humano. Sucumbe a la l贸gica kantiana y responde a ese irremediable arremeter de gatos carbonizados y de perros que aullando corren prendidos fuego por los salones. M谩s todos lloran y el kantinero sirve otra copa por raz贸n pura de costumbre y tradici贸n. Eventualmente un irresoluble pero comprobable suceso l贸gico y trascendental. M谩s a煤nque Prusia no dejara de inquietar su esp铆ritu cr铆tico y al mismo tiempo que ten铆a ninguna 茅tica por el momento en el plano categ贸rico del n贸umeno, sopes贸 una infinita kantidad de dudas teoleol贸gicas. Tanto incendio devastador de las conciencias te帽ian de rojo sangre y amarillo oro est谩s p谩ginas dibujadas con tinta negra. En fin, ya ser铆a momento de ir dudando de la "Realidad" PERRO? O de la realid谩 exterior que nos circunda en esta dimensi贸n del estado tr谩gico. Esa escenografia chamuscada y rotosa que produjo la percepci贸n no era otra cosa que el fruto maldito de la l贸gica; por m谩s tangible y concreta que se presentase al entendimiento, agrede al o铆do, y deshonra con que la falta de delicadeza y sensatez barriendo con sa帽a y sentido todo el pasado idiota en los rincones, que se invisiviliz贸 a causa de la pereza de los dibujantes de otras 茅pocas, quienes por propia disposici贸n hubieran perdido el tiempo en vanos sucesos mundanos, y dilapidaron noches enteras de est煤pido presente de su nada misma, en vez de documentar sobre papeles de identidad las escenas irrecuperables de los tiempos pasados que recog铆an secretos y costumbres de la 茅poca en cuesti贸n. Eso era "ser". No ser铆a la hora ya de apagar las llamas del idealismo? Afuera sigue lloviendo a k谩ntaros y no hay un solo paraguas en todo Konisgberg. Habr谩 que sospechar a煤n un poco de toda esa gran Farsa On铆rica decorada de medianos barbudos y de objetos de marfil, plata y bronce que ostentan cierta dudosa nobleza de pacotilla disimulada por marcos con vidrios. Se puede ser tan incauto a la hora de sentenciar el obsequio deplorable del inter茅s hedonista? Se les caen los dientes de a uno, a lo cual se llen贸 el suelo de m谩scaras y se desmoron贸 un sonrisa, con sombrero y todo. Tantas veces a lo largo del testimonio de los a帽os en las regiones inconscientes por las que revoloteaban alrededor de un cuerpo venido en a帽os tantas ratas aladas. No eran arc谩ngeles. Tampoco cuervos. Ya es el tiempo de poner en duda la experiencia del reloj de bolsillo, in煤til pruebas concretas a los sentidos del paso del tiempo, de un pasado mejor que a帽oro. O por ah铆 yo estoy viejo, s铆, pero si tirara las agujas al tacho del olvido no habr谩 fruto que no se pudra minuto a minuto, ya no. Aparte Kant vomit贸, a priori, un charco de bilis verde abajo del bidet y luego sali贸 algo mareado despu茅s del toilette, kanturreando con voz grave su bella canci贸n tu-tu-tu con la bragueta abierta a posteriori y un libro en la mano que nunca ley贸. Pero cuando regres贸 al sal贸n todos estaban en sus asuntos, y en vez de seguir bailando se tir贸 en un sill贸n p煤rpura al lado de un gato gris de ojos opacos que ronroneaba. Intento de recomponerse, pero resbal贸 por error en un charco rojo de preguntas existencialistas, estrope贸 el tapizado por completo pisoteando el v贸mito de dudas trascendentales y est茅ticas. Las huellas cr铆ticas imborrables de sus pisadas alrededor de la mesa, mera metaf铆sica trascendental donde otros personajes del S.XlIX bociferaban improperios indecorosos, en torno a la discusi贸n que hubiera surgido aquella noche apelmazado de interrogantes moralisadores, en el frio invierno alem谩n. Baungartem, que pensaba marcharse, cogi贸 su saco y sentenci贸 postulados filos贸ficos que desafiando los l铆mites del conocimiento, forzaron el razonamiento subjetivo y finalmente cay贸 dormido en el sill贸n con la boca abierta. Intuitivos antecesores del gatoperrismo, por qu茅 no fueron capaces de dar pruebas suficientes de la relaci贸n que existe entre la locura y el consumo de bebidas espirituosas? caninos alemanes, con todo aquello que genera la repulsi贸n aberrante y cretina de la inadaptaci贸n social en las disputas de ideas sobre determinado t贸pico, sobre la calidez de las alfombras y la luz de la raz贸n dial茅ctica perro-gato. La disputa t铆pica de perros vulgares ser铆a anecd贸tica y ladri, en fin, una sumatoria de ladridos preliminares con mon贸culos que seducen se puede deducir y nos observan, sus hocicos salpican baba y espuma en el traje de sus interlocures y fuman despu茅s de sus pipas con guantes negros.
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