EL TIEMPO DIRÁ// Te acordarás en una época en la que uno adoptaba cierta conducta gato, frente a situaciones en las que un perro nos complacía con su calidez en función de lo reprobable que uno fuera; extrayendo del prójimo en cuestión sus atributos más destacadamente desechables de su propia personalidad. De esto se desliza, si me permito decirlo, que también lograría cierta aprobación exagerada del sistema irracional en boga. Aberrante aberración. Entonces sería así que inconscientemente fui decidiendo acercarme a una opuesta forma de actuar y enfrentar los hechos, si me siguen. Y aquí me hayo bien que mal, porque optar de manera continua quizás produjo un error. El cultivo de todo aquello que en mi avalara lo pájaro, no era sino para generar la buena onda estipulada (en detrimento de un avance evolutivo por aquel camino porfiado donde se encontrábase algo obstaculizado ya por lo que la gente común me hacía creer que eso era lo conveniente). Y mientras todos ellos se acomodaban en un intachable progreso de sus facultades más irreconciliables, yo tuve que abrirme paso y fui tirando por la borda gran parte del material acumulado en torno a la experiencia sensoria, pero así fué, de modo que tarde o temprano lo que fué ayer sería reemplazado por una infamia venidera. Ya no tengo miedo. Aunque con el tiempo el paradigma cambio, y lo que era gato se volvió perro y lo perro se volvió gato. El cocodrilo, sumergido en las aguas turbias ni se enteró, y lo pájaro siguieron su curso en el cielo. Podemos creer que tal ingenuidad de los hechos no se desenmascaria en los actuales ladridos de hoy? Pues todo tiene su tiempo y los gatos no son tontos, por más que tomen leche y sillones rasguñen. Ellos saben bien, y así lo demuestran sus afilados bigotes que todo es falso. Entonces de mi ya no esperen nada más que un relincho desequilibrado, perdido en la espesura de mi filosofía gatoperrista puedo empezar a pensar que si todo ya Sido un engaño no me queda otra que la vana esperanza estúpida, aquella lánguida y sofocada peluza verde y concomitante que deambula tácita en limbo.
EL TIEMPO DIRÁ// Te acordarás en una época en la que uno adoptaba cierta conducta gato, frente a situaciones en las que un perro nos complacía con su calidez en función de lo reprobable que uno fuera; extrayendo del prójimo en cuestión sus atributos más destacadamente desechables de su propia personalidad. De esto se desliza, si me permito decirlo, que también lograría cierta aprobación exagerada del sistema irracional en boga. Aberrante aberración. Entonces sería así que inconscientemente fui decidiendo acercarme a una opuesta forma de actuar y enfrentar los hechos, si me siguen. Y aquí me hayo bien que mal, porque optar de manera continua quizás produjo un error. El cultivo de todo aquello que en mi avalara lo pájaro, no era sino para generar la buena onda estipulada (en detrimento de un avance evolutivo por aquel camino porfiado donde se encontrábase algo obstaculizado ya por lo que la gente común me hacía creer que eso era lo conveniente). Y mientras todos ellos se acomodaban en un intachable progreso de sus facultades más irreconciliables, yo tuve que abrirme paso y fui tirando por la borda gran parte del material acumulado en torno a la experiencia sensoria, pero así fué, de modo que tarde o temprano lo que fué ayer sería reemplazado por una infamia venidera. Ya no tengo miedo. Aunque con el tiempo el paradigma cambio, y lo que era gato se volvió perro y lo perro se volvió gato. El cocodrilo, sumergido en las aguas turbias ni se enteró, y lo pájaro siguieron su curso en el cielo. Podemos creer que tal ingenuidad de los hechos no se desenmascaria en los actuales ladridos de hoy? Pues todo tiene su tiempo y los gatos no son tontos, por más que tomen leche y sillones rasguñen. Ellos saben bien, y así lo demuestran sus afilados bigotes que todo es falso. Entonces de mi ya no esperen nada más que un relincho desequilibrado, perdido en la espesura de mi filosofía gatoperrista puedo empezar a pensar que si todo ya Sido un engaño no me queda otra que la vana esperanza estúpida, aquella lánguida y sofocada peluza verde y concomitante que deambula tácita en limbo.

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